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Una nueva era con un viejo formato

POR Natalie Schiaverano


No fui a ver El diablo viste de Prada 2 el día del estreno. Tardé semanas en decidirme. Y no fue indecisión: ¿o quizás sí lo fue?

Vivimos en un presente que exige opinión inmediata sobre todo lo que pasa, casi en tiempo real. Una película se estrena y minutos después ya circulan los primeros veredictos, los memes, los hilos de análisis, las comparaciones con la primera parte. Y ahí, en medio de ese ruido, decidí esperar. No por desinterés — fue algo más. El estreno oficial en Disney+ Latinoamérica es el 29 de julio de 2026, pero escuché mi corazonada y me adelanté. ¿Decisión o indecisión? Todavía no lo sé.


First,la película sigue a una Miranda Priestly cerca de la jubilación, enfrentada a Emily Charlton, su antigua asistente, ahora convertida en ejecutiva rival, en plena decadencia de los medios impresos y en plena guerra por los ingresos publicitarios. El foco ya no está en la moda como espectáculo: está en Miranda obligada a navegar la caída del papel y la migración forzada hacia lo digital. Es, literalmente, la historia de una editora peleando una batalla entre adaptarse y no adaptarse — ¿Presencia física contra inmediatez digital, papel contra pantalla, criterio contra algoritmo?



Modificado con IA
Modificado con IA

Vengo del viejo formato. Del cine que se ve entero, en silencio, sin el ruido de mil reacciones publicadas antes de que termine la función. Del cine que se conversa después, no durante. Como editora y directora de moda, ese tiempo propio no es nostalgia: es método. Es la misma pausa que aplico cuando elijo qué historia contar y qué dejar afuera, cuándo cerrar una nota y cuándo dejarla madurar una semana más. El corte, la curaduría, el criterio — todo eso necesita tiempo, y el tiempo es justamente lo que hoy nadie te regala. Se supone que hay que reaccionar ya, publicar ya, subir ya. Ahora, hay una fuerza entre mi propio razonamiento, cansancio versus inteligencia artificial, pero vamos por punto. "!Qué ironía¡, ya que por cansacio y easy terminó asistiéndola"


Es estructural, y los algoritmos avanzan, premiando la velocidad de reacción: cuanto antes publiques, más alcance tenés; cuanto más rápido opines, más relevante eres. Una lógica algorítmica en el cine, en las redes, y también en la moda, que quizás sea el terreno donde más se nota, porque la moda siempre vivió de la novedad, del "ya", de estar primero. Hoy esa exigencia se multiplicó por mil. Cada vez somos más los profesionales del sector que nos ausentamos — de desfiles, de eventos, de la obligación de estar en todos lados al mismo tiempo, publicando en simultáneo, compitiendo por quién sube un adelanto primero. No por cansancio únicamente. Por elección.

Quizas ya no pertenezco a esa lógica de photocall y presencia constante, y sin embargo, en paralelo, hay crecimiento real: contactos, cercanía humana, vínculos que también se construyen — hoy — a través de lo digital. No es una contradicción que haya que resolver. Es la tensión misma en la que vivimos quienes trabajamos en moda en este momento: crecer y sentirse desplazados, al mismo tiempo. Estar más conectados que nunca y, a la vez, sentirte que no te reconoces.


Y entonces la pregunta más grande: ¿por qué tantos profesionales con años de estudio, de oficio, se están alejando de los espacios físicos que antes definían la industria? Mi hipótesis es que esos espacios fueron invadidos por otra lógica — la de la visibilidad inmediata, el contenido sin filtro, la presencia por la presencia, el "estar por estar" antes que el "estar para entender". Y quienes construimos criterio durante años, quienes aprendimos a mirar despacio, ya no encontramos ahí el mismo valor. No es que no tengamos lugar. Es que el lugar cambió de reglas sin avisarnos, y muchos preferimos silenciarnos.


Hablemos de la estética y en este punto. podemos ver las primeras imágenes que tienen una iluminación más cercana a la de las plataformas que a la del cine clásico, como si el regreso mismo fuera un diálogo entre el glamour analógico y el nuevo universo horizontal, vertical, infinito de lo digital. No es casual. Es el mismo diálogo que yo tengo conmigo misma en cada evento de moda o en cada fashion week, etc..


Mi decisión editorial que va en esa misma dirección: es dejar de publicar a través de redes sociales. No porque no tengamos nada que decir, sino porque ya hay demasiado. Saturación de contenido, de opiniones, de reacciones instantáneas, de la misma noticia repetida con distintas caras. Ausentarnos del ruido no es un repliegue, es una postura: elegir el criterio por encima de la inmediatez, aunque eso implique menos visibilidad en lo inmediato. Puede que nuestras métricas se muestren menos pero aclaró, está es mi versión."Así la construyö"


Negarse a la voracidad para poder seguir mirando con atención. Y si algo aprendí en estos años desde ser una amante de la moda, luego una profesional como stylist, y directora de arte y hoy como editora es que mirar con atención es, cada vez más, un privilegio que hay que elegir — nadie te lo va a regalar. Ni el algoritmo, ni la industria, ni el estreno adelantado.








 
 
 

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